Antonio Zapata: "Ayacucho turístico"
Publicado en: La República
Fecha: Mié, 13/01/2010
Obtenido en: http://www.larepublica.pe/sucedio/13/01/2010/ayacucho-turistico
Ayacucho es una de las regiones más pobres y sufridas del país. La guerra interna le costó miles de muertos, habiendo sumado la mitad del total de víctimas. Luego, sobrevino una intensa migración de quienes conservaron la vida. La elite se mudó a Lima y los campesinos dejaron sus pueblos para trasladarse a las ciudades de la región. Huamanga, la capital, está llena de gente y miles de viviendas se levantan en los cerros. Sobra población pobre y falta trabajo. Pero Ayacucho dispone de una joya en bruto, cuya explotación contribuiría a resolver el problema. Lamentablemente está tapada y apenas si se aprecia. Se trata de la gran ciudad Wari, cuna del primer imperio prehispánico.
Los antiguos peruanos ya habían creado ciudades y entidades políticas, pero hacia el año 600 D.C. surgió en Ayacucho el primer imperio, antecedente del Tawantinsuyu. Los Wari se extendieron por casi toda la sierra y costa del antiguo Perú. El oráculo de Pachacámac apoyó su expansión y contaron con protección divina. Eran ordenados y meticulosos; sus ciudades fueron cuidadosamente planificadas. Fueron muy ricos, su arte es exquisito y sus textiles, elaborados en finos colores pasteles, impactan por la modernidad de su diseño.
La ciudad Wari está situada en lo alto de las montañas que se extienden entre Huamanga y Quinua. La vista es impresionante, quebradas y valles surgen ante el visitante, quien desde un mirador puede apreciar un río serpenteante al fondo, rodeado por impactantes alturas andinas. Pero, la capital Wari está escondida. Cuando ellos cayeron, enterraron ritualmente su ciudad y ha crecido la vegetación durante más de un milenio. Se siembra sobre una buena parte de las tierras debajo de las cuales se halla la gran capital del siglo VIII. En el resto del terreno dominan las tunas y los campesinos las cosechan para venderlas al paso. Así, Wari apenas aparece.
En décadas anteriores se ha trabajado arqueológicamente en forma profesional, pero limitada. Lo descubierto se exhibe al visitante y permite hacerse una idea del esplendor que se encuentra bajo tierra. Se encuentra un templo de gran factura, una enorme mesa ceremonial y amplios patios, que enmarcan un magnífico edificio. Más allá, otro sector excavado y un pequeño museo a la entrada. Eso es todo y se hace evidente que falta excavar en profundidad.
Wari podría formar un circuito turístico complementario al de Cusco y la costa norte. La capital del primer imperio andino es un gran monumento y nadie duda de su valor intrínseco. Pero no se invierte porque es caro. Es cierto, la investigación arqueológica cuesta dinero y se requiere financiamiento significativo. Pero se puede ir de a pocos, como se hizo en Sipán por ejemplo. Buscar y encontrar un primer gran hallazgo y explotarlo ante el turismo mundial. Luego, recolectar fondos en grande para profundizar la arqueología y levantar un gran museo. Todo ello planificado a diez años y orientado por una idea ya ensayada con éxito en la costa norte del Perú; no se está inventando la pólvora.
Por qué no se hace casi nada es un punto complejo. El actual gobierno regional entra a su último año sin haber dado un paso. Y eso que –además– el principal arqueólogo peruano es ayacuchano, Luis Guillermo Lumbreras. Sin embargo, el partidario del fujimorismo y presidente regional pretende la reelección. ¿Cómo entender que la autoridad que deja pasar la ocasión encima pretenda el premio ciudadano de un segundo período consecutivo? Es uno de esos misterios que enojaban a Waman Poma de Ayala, quien también era ayacuchano y no casualmente empleaba como lema la desconsolada frase: “y no hay remedio”.
Fecha: 13/01/2010
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